Gracias a ti soy capaz de cantar lo que nunca digo.
Gracias a ti puedo amar, llorar, reir, soñar y construir. No sé dónde estaría sin ti y, aunque sé que no soy el mejor tú haces que quiera serlo. Tú me entiendes sólo con un roce que te haga y siento cómo vibra tu interior junto a mi cuerpo. Qué alegría cuando te oigo.
No me dejes nunca...
¡Ay, mi guitarra!
No hay comentarios:
Publicar un comentario